ACAMPAMOS EN el bosque de Pisgah y paseamos por Asheville mientras recorremos un buen tramo de la Blue Ridge Parkway en Carolina del Norte
Nos dirigimos al extremo sur de la Blue Ridge Parkway. Esta emblemática carretera atraviesa los estados de Virginia y Carolina del Norte, y conecta el Shenandoah National Park (al norte) con el Great Smoky Mountains National Park (al sur) — el que acabábamos de dejar atrás. Lo más característico de esta ruta es que no hay ni un solo cruce o semáforo en los más de 750 km de recorrido. Todas las carreteras que la atraviesan lo hacen por túneles por debajo de ella y las incorporaciones y salidas son a través de rampas. Uno puede conducir sin pararse ni una sola vez mientras atraviesa parques y bosques nacionales siguiendo la cordillera de los Apalaches.
La carretera serpentea, es de doble sentido y hay pocas opciones para adelantar. Hay que asumir que es un paseo para disfrutar, no para llegar rápido a ningún lugar. Por el camino se puede parar para contemplar el paisaje desde miradores, realizar algún trekking o visitar fenómenos naturales cercanos. Desviándose de la carretera hay pueblos con encanto sureño y a un par de horas queda Washington D.C. Hay información muy útil en la web oficial, incluyendo una app con mapas y recorridos.
La primera noche nos desviamos de la Blue Ridge para dormir en un pequeño camping llamado Sunburst Campground. Apenas era un espacio habilitado al lado de la carretera para no más de diez autocaravanas. Este fue el primer lugar que vimos en el que no había recepción ni nadie que se hiciera cargo de las reservas o los pagos. Cada usuario, honradamente, debe de depositar en un sobre con sus datos el dinero de la estancia y meterlo en un buzón. Nos pareció una buenísima idea, ya que en algunas ocasiones llegas tarde a los campings y esto garantiza una ‘atención’ 24×7. Había un par de ancianos ocupándose de las tareas básicas de limpieza y mantenimiento, pero ellos no eran responsables de la gestión económica.
La mañana siguiente la pasamos bañándonos en el río cercano y saltando al agua desde las rocas (con la correspondiente bronca por parte de Itahisa).
Las orillas del río estaban llenas de mariposas y nos asustamos un poco al ver una pequeña víbora al lado de las zapatillas de Nahuel —esto no sería nada comparado con lo que veríamos después.
Volviendo a la carretera nos adentramos en el Pisgah Forest, dando un pequeño paseo para ver las cataratas llamadas Skinny Deep Falls y, lo más divertido del día, tirándonos por unos toboganes naturales de piedra llamados Sliding Rock. Al principio nos daba un poco de miedo porque parecía peligroso y daba la sensación de que te ibas a dejar medio culo en las rocas o abrirse la cabeza, que seguramente duela más. Pero una vez lo probamos no queríamos irnos de allí. ¡Muy recomendable!
Esa noche llegamos hasta un camping cerca del Lake Powhatan. Hicimos el registro y nos fuimos a dar un paseo por la cercana ciudad de Asheville, donde no tuvimos problema para estacionar en el centro al lado del parque de bomberos. Cenamos en un restaurante típico llamado Tupelo Honey y la ciudad nos transmitió muy buena energía, con lo que decidimos pasar dos noches en el camping del lago y volver al día siguiente.
Asheville es una coqueta ciudad en medio de las montañas, con un ambiente muy variopinto y bohemio. Había numerosos artistas callejeros y buscavidas mezclados con una población elegante y respetuosa. Por la mañana visitamos un pequeño museo de ciencias que le llamó mucho la atención a Nahuel porque había dinosaurios, pero que al final disfrutó más Itahisa porque había muchos minerales. Comimos en una de las muchas cervecerías llamada Barney’s Taproom y paseamos por las calles tranquilas hasta el atardecer.
Ya en el camping conocimos a nuestros vecinos, una matrimonio de jubilados con mucho interés por las setas. Tenían en la mesa montones de ellas y nos explicaron cómo identificar una seta en concreto que se podía comer: si aplicando un corte en el tallo se ponía azul y en la parte de la boina de otro color del que no nos acordamos, esa seta era comestible. Nos invitaron a probarlas a la brasa con una salsa muy rica y despertaron nuestro interés por la micología.
Al día siguiente avanzamos hasta la zona este del Pisgah National Forest —el bosque rodea a la ciudad de Asheville— por carreteras estrechas al lado de casas de madera aisladas en medio de la naturaleza y de los osos. Cada recodo del camino nos ofrecía algo interesante y los paisajes resultaban increíbles.
Una vez más se nos hizo de noche y al no encontrar un camping cercano dormimos en medio de la nada, en un camino de tierra que se ensanchaba al lado de un río. Impone bastante ir en la autocaravana en la oscuridad, rodeado de árboles frondosos y el canto de pájaros e insectos. Todo se ve con otros ojos al amanecer y el miedo de la noche anterior se desvanece por completo. Además esa mañana nos encontraríamos con alguien muy especial que vendría a realizar parte del viaje con nosotros…
Nombre del post: «Siguiendo la Blue Ridge Parkway: Pisgah National Forest y Asheville»
Pernoctas: Sunburst Campground (mapa), Lake Powhatan (mapa)
Canción del día: Don’t weep for me – Blue Highway









Jopé, qué divertido el tobogán! Pero el agua tenía pinta de estar helada!